miércoles, 1 de septiembre de 2010
Delay
Otro día más que pasa. Y todos son tan iguales que ya ni recuerdo que hice ayer. Ir, venir, salir, volver, sentarme, fumar, comer, dormir, leer. Siempre pasa el mismo cd con las pistas en el mismo orden. Estoy encerrado en una vida tan lineal que asusta. ¿Cuándo llegará el momento en que algo rompa con mi rutina? Algo que desbarate todos mis esquemas. Algo que distorsione el sonido que me rodea. Como las olas que van y vienen siempre iguales. Como el sonido de una guitarra cuando arqueamos las cuerdas. Como el efecto de un delay al apretar el pedal. Todo tan aburrido y monótono. ¿En que punto me perdí? ¿Cuándo descarrilé? Es difícil sentirse perdido cuando nunca se supo a dónde ir. Soy y no soy al mismo tiempo. Vivo rodeado de gente que apenas sabe que existo, pero de las cuales formo parte. Sólo soy un número más. Un dato que archivar. Un recuerdo que contar. "Nadie me vió partir, nadie me espera". Y con cada nuevo amanecer, la misma inercia que me lleva a hacer las cosas sin una motivación en especial. Gigantemente aterrador es vivir automatizado, como un androide, sin poder siquiera pensar emocionalmente por un instante. Y cada noche es intentar conciliar el sueño, sin pesadillas, sin sueños, sólo para despertarme en madrugada y no poder volver a dormir. ¿Qué estoy pensando? Ni yo lo sé. Ya no sé más nada. Sin actitud. Sin deseos. O tal vez sí, pero sin poder descifrarlos. Sin saber a dónde ir. Con muchas ganas de no hacer más nada. Y lo que más satisfacción me brindaba, ya no lo hace. Es por eso que mi guitarra descansa en un rincón. Fiel como siempre. Esperando con ansias que mis manos la rodeen y acaricien suavemente para que entre gemidos hable por mí. Pero sin alguna explicación no tengo nada que darle. No quiero desenfundarla. No quiero afinar sus cuerdas. No quiero perderme en su conjuro. Y ella lo sabe. Por eso llora en silencio. Porque ya nada va a ser igual entre nosotros 2. No por el momento. Y no sé hasta cuando. No lo sé. Que perjudicial el don de la duda y el desconcierto. Y el frío es más frío cuando se está solo. El invierno con menos de 20 días por delante se hace más espeso que la miel y el barro. Castiga inconscientemente a quienes quieren ser castigados. Aunque por más que pase el tiempo, salga el sol, renazcan las flores, todo se tiña de verde y el cielo pase de gris a azul, el frío proviene del alma y no existe estación que pueda cambiarlo. ¿Dónde estás señor que todo lo iluminas? ¿Acaso tu sabiduría y enseñanzas no son dignas de mí? Pienso y no pienso. O mejor dicho, pienso sin ganas de pensar y trato de ahogar esas voces que esclavizan mi cabeza. Esas imágenes ficticias que no tienen una creación razonable. No hay nada mejor para fortalecerse que el hogar propio, pero ni aún allí recobro energías. ¿Y de qué forma termino esto? ¿Llegará algo que corte el espacio y una ambas dimensiones? No lo sé.
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